Las meditaciones, encargadas al franciscano Francesco Patton, estuvieron atravesadas por referencias a las guerras, la violencia estructural, la pobreza y los abusos de poder. Sin menciones directas a países o líderes, los textos propusieron una reflexión global sobre la responsabilidad colectiva frente al dolor ajeno y la indiferencia social.
La presencia del pontífice en el Coliseo también marcó un regreso significativo: fue la primera vez desde 2022 que un Papa participó físicamente en esta ceremonia en ese lugar, luego de que su antecesor limitara su presencia por cuestiones de salud.
El Vía Crucis es uno de los ritos más representativos del calendario litúrgico católico y cada año convoca a miles de personas en Roma y en distintas partes del mundo.
En esta edición, la combinación de tradición, austeridad y un gesto fuerte como el de cargar la cruz durante todo el recorrido le dio a la celebración un tono particularmente intenso.
Con esta primera gran aparición en Semana Santa, León XIV dejó en claro el perfil que busca imprimir a su pontificado: una Iglesia con gestos concretos, fuerte carga simbólica y una mirada puesta en los conflictos contemporáneos. La imagen del Papa avanzando con la cruz en medio del Coliseo iluminado por antorchas quedó como una síntesis poderosa de ese mensaje.